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El desastre de Fukushima el 11 de marzo del año pasado hizo que el mundo recordara, 25 años después de Chernobyl, que la energía nuclear es todo menos limpia, segura o accesible; desafortunadamente, se necesitó de otra catástrofe nuclear para realizar un nuevo debate acerca del uso de la energía nuclear.

Después de la catástrofe de Fukushima, hace un año (Bajo la Lupa, 10/5/11 y 13/11/11), 52 de las 54 plantas nucleares de Japón han sido cerradas cuando “la explosión del reactor destruyó la confianza de la población en la energía nuclear” (Spiegel Online, 28/2 y 1/3/12) y obligó al gobierno a cambiar su plan energético por la presión de la opinión pública, pese a los poderosos intereses del lobby nuclear: Tepco, físicos y cabilderos.

Un estudio del Meteorological Research Institute (Instituto de Investigación Meteorológica) calcula que se liberaron 40.000 trillones (o 40 cuatrillones) de Becquerels de cesio radiactivo como resultado del desastre nuclear de Fukushima Daiichi en marzo del año pasado. Esa cantidad es el doble de lo que originalmente calcularon los científicos.

Un panel independiente que investiga el desastre nuclear en la planta de Fukushima Daiichi publicó un informe sarcástico de 420 páginas que critica a TEPCO (Tokio Electronic Power Company, una compañía de electricidad), al entonces Primer ministro Naoto Kan, y a otras agencias gubernamentales. El panel de 6 personas, dirigido por Koichi Kitazawa, antiguo presidente de la Japan Science and Technology Agency (Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología) y jefe de la Rebuild Japan Initiative (Iniciativa japonesa de reconstrucción) entrevistó a 300 funcionarios japoneses, funcionarios de gobierno estadounidenses y a expertos nucleares. Los ejecutivos de TEPCO se rehusaron a cooperar en la investigación. El informe del panel determinó que la crisis nuclear de Fukushima fue un desastre realizado por el hombre, y no una causa del tsunami o el terremoto que ocurrieron en marzo del año pasado.

En conmemoración solemne de las vidas afectadas por el terremoto de Japón del año pasado y la consiguiente tragedia nuclear de Fukushima, escaladores de Greenpeace dejaron mensajes de apoyo y esperanza a la cumbre del monte Fuji.